Buenas tardes, más allá de las lecturas, algo que me quedó resonando desde el sábado pasado tiene que ver con cómo, a pesar de la existencia, afortunadamente y producto de muchos procesos, de instrumentos internacionales como marco y puntualmente los protocolos de actuación como el de la UdelaR, el patriarcado sigue encontrando formas de reconfigurarse y manifestarse, incluso de maneras que escapan a esas respuestas, como lo simbólico. Esto, que a su vez lo vivo casi cotidianamente, pienso que genera, puntualmente en las mujeres docentes, y lo extiendo a funcionarias, un enorme desgaste que supongo también contribuye a mantener la situación de desigualdad en cuanto a desempeños, acceso a cargos de mayor jerarquía, etc.
Este fenómeno, que lo planteo netamente de lo vivencial pero que como compartimos el sábado, claramente tiene una dimensión estructural derivada del patriarcado, nos plantea un desafío crucial que tiene que ver con la generación de estrategias en la cultura institucional para desarticular esas formas invisibilizadas y naturalizadas de desigualdad, que en mi caso suelo transversalizar en las asignaturas en las que estoy, ya que el desgaste que implica enfrentarse día a día a estas manifestaciones del patriarcado tiene un costo directo en nuestra participación plena, desarrollo profesional y bienestar más integral, por lo que entiendo urgente hacerle frente. A su vez, al escribir estas líneas me siento interpelada por no estar participando de forma activa en ADUR, que se que tiene comisiones de trabajo en estos sentidos, y en lo que espero pueda sumarme a la brevedad cuando las obligaciones mermen, el artículo de Yamile sobre la igualdad como tarea sindical me dio un empujoncito para esto.
Como síntesis, pienso que uno de los grandes retos está en profundizar la reflexión crítica y colectiva sobre cómo las prácticas institucionales pueden incorporar herramientas que no solo respondan a la violencia explícita, sino que también transformen las representaciones sociales, imaginarios y relaciones de poder que sostienen esas desigualdades. Por último, pienso también en base a una de las últimas discusiones del sábado, que sin esto, los avances formales, sin desmerecerlos, corren el riesgo de ser insuficientes.
